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Los berrinches de los niños caprichosos

Los berrinches de los niños caprichosos

La pataletas de los niños caprichosos son una odisea para muchos padres. ¿Cuántas veces hemos visto (o vivido) cómo un pequeño llora, grita y monta un numerito en la calle, en un parque, en un centro comercial o en una tienda?

Esto ocurre muy menudo, y muchos padres no saben qué hacer cuando se ven en esta situación, o piensan que el niño es muy nervioso o tiene algún tipo de problema.

Y también a menudo lo más probable es que la solución sea enseñarle al niño unas normas, unos límites, de manera coherente pero firme. Los gritos o los enfados no arreglan nada y si se le grita a un niño se le enseña que él también puede gritar.

Desde los 18 meses hasta los 3 o 4 años de vida los llantos, rabietas, pataletas y berrinches son habituales, a medida que se van sintiendo más autónomos e independientes y desarrollan, en cierta medida, un poco de egocentrismo.

Es una edad en la que se va desarrollando el ego, el “yo”, y el negativismo según van conociendo lo que es el “no”. Es importante tenerlo en cuenta para saber manejar adecuadamente esos primeros berrinches y evitar que se conviertan en un mal hábito.

Además de la personalidad del pequeño y los cambios por los que va pasando, en estas crisis también entran en juego otros factores que también deben trabajarse, como el cansancio o poco tiempo de los padres, el mal humor, la impaciencia y el ser demasiado sobreprotectores o estrictos.

Los padres deben ser constantes pero al mismo tiempo coherentes, coincidiendo en la manera de gestionar las rabietas y berrinches, ya que la actitud de los padres resulta fundamental en el desarrollo de la futura actitud del niño.

Esta actitud no debe ser agresiva, no se deben perder los estribos porque esto puede fomentar inseguridad en el pequeño y el problema se agravará. Incluso el pequeño podría imitar la actitud agresiva y gritar a otros niños o tirar cosas.

Qué hacer cuando el niño tiene una rabieta

  • Es fundamental mantener el control y no perder la calma. Un niño tiende a imitar el ejemplo de los padres, así que la calma y el control son lo más recomendable.
  • Cuando surja el berrinche, es mejor mostrar cierta indiferencia ya que el llanto no le permitirá escuchar ni prestar atención.
  • Hay que mantenerse firme con el niño y darle tiempo para que se calme.
  • Cuando se pase el la rabieta, no hay que concederle lo que pedía sólo por haberse calmado.
  • Hay que ofrecer al niño opciones, alternativas y actividades que sean aceptables tanto para él como para los propios padres. Así el niño podrá satisfacer esa autonomía que desea y paliará en cierta medida la frustración.
  • Después del berrinche se puede dar afecto y seguridad al niño, pero sin “premiarle” dándole cosas por el simple hecho de haberse portado bien. No hay que caer en el error de hacer creer al niño que los berrinches tienen recompensa.