Aceptar los propios errores para que no nos lastren
Para algunas personas, admitir haber cometido errores resulta sumamente difícil. Para otras, un error es lo mismo que un fracaso. De una u otra manera, son muchas las personas que no aceptan cometer un error, que lo atribuyen a algo hecho mal o a un problema que tienen ellas mismas. En ocasiones incluso se bloquean debido a la sensación de culpabilidad.
Pero cometer errores y fracasar son cosas muy diferentes. Los fracasos están asociados a un resultado que se espera obtener, y cuando el resultado no es favorable o es lo contrario a lo que se esperaba se habla de fracasar.
Por tanto, el fracaso sucede cuando las cosas no se sale como queríamos. En cambio, un error no tiene relación con un resultado, sino con una acción que después consideramos que no era la adecuada para lograr lo que queríamos.
Los fracasos o los éxitos no dependen sólo de nosotros, sino que también influyen en ellos la voluntad de otros, las condiciones o el contexto, e incluso el azar, mientras que en los errores somos nosotros mismos los que tomamos una decisión previa. Por tanto, sólo nosotros somos responsables de los errores.
Como ejemplo, veamos una relación de pareja en la que se toma la decisión de contraer matrimonio. Generalmente se espera que el matrimonio dure para siempre. Pero no es sólo cosa de uno, sino de al menos dos. Decimos al menos porque existen factores externos como el entorno, el aspecto económico, las amistades y familias de ambos, y muchos otros. Así, en ocasiones las rupturas y separaciones no pueden atribuirse únicamente a uno de los cónyuges.
Pero en otros muchos casos la ruptura sucede por una decisión errónea, y por tanto el error de uno de los dos desencadena las consecuencias negativas. Por ejemplo, cuando no siendo feliz en el matrimonio se decide seguir adelante esperando que las cosas cambien a mejor, o cuando uno de los miembros de la pareja decide cometer una infidelidad que provoca la separación.
Si no queremos que los errores se conviertan en una eterna sensación de culpabilidad y que nos resulten útiles, el primer paso es admitir que no existe nadie perfecto y que los errores los cometemos todos. Y después, aprender de ellos, ya que ésto es lo que hará que ese error tuviera un sentido. Siempre es más recomendable aprender de nuestros errores y hacer las cosas de manera diferente que estancarnos en los lamentos y la culpabilidad.
